Entrar en la aventura que proponen las manchas y cederle el control al azar es un ejercicio frustrante en ocasiones. Porque trabajando así, uno no domina al material sino que lo acompaña y sucede que a veces el material va hacia el lado opuesto al que queremos llevarlo, entonces se ensucia, nos encabronamos y el resultado es una pelea entre uno y el color.
Muy de vez en cuando existe una empatía entre la mente, la mano y el material, como si nos conociéramos de toda la vida. Cuando este fenómeno se manifiesta el resultado que obtenemos luego del trabajo nos llena de una cosita agradable, como una pequeña victoria que fue ganada. Hasta nos parece haberlo disfrutado durante su ejecución.
Las manchas que están debajo no sé si ejemplifican estas palabras, pero fue agradable hacerlas y encontrarlas.

Témpera y acrílico sobre lienzo